OMS / Almaz Zhumaliev
Una madre mira a su recién nacido. Centro Nacional para el Bienestar Maternoinfantil en Biskek (Kirguistán).
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Estreptococo del grupo B

24 de abril de 2026

Datos y cifras 

  • El estreptococo del grupo B es una bacteria frecuente que, en los adultos, suele ser inofensiva. No obstante, en los lactantes puede provocar infecciones potencialmente mortales, como septicemia, neumonía y meningitis.
  • Cada año provoca más de 500 000 nacimientos prematuros y alrededor de 150 000 muertes fetales y de lactantes (1).
  • En muchos lugares, entre el 10 % y el 30 % de las embarazadas son portadoras de esta bacteria en el aparato digestivo o genital. En el caso de los bebés nacidos de mujeres portadoras del estreptococo del grupo B que no recibieron antibióticos durante el parto, hasta cinco de cada diez entrarán en contacto con la bacteria, y prácticamente uno o dos de cada 100 desarrollarán una infección grave por estreptococo del grupo B durante sus primeros días de vida (2).
  • El tamizaje universal o basado en los factores de riesgo durante el embarazo para detectar el estreptococo del grupo B, junto con la profilaxis con antibióticos durante el parto, puede reducir el riesgo de infección precoz en el recién nacido. Sin embargo, los antibióticos no previenen las muertes fetales, los nacimientos prematuros ni las infecciones por esta bacteria tras la primera semana de vida.
  • Se están desarrollando vacunas que se administrarán a las embarazadas para proteger a los lactantes frente al estreptococo del grupo B. 

Panorama general 

El estreptococo del grupo B (la bacteria Streptococcus agalactiae) suele encontrarse en el intestino o la vagina del ser humano. Cada año afecta a unos 390 000 lactantes y es la primera causa de meningitis bacteriana aguda del recién nacido en todo el mundo. 

Esta bacteria puede originar diversas infecciones tanto en el recién nacido como en el adulto. En el recién nacido, es una de las principales causas de enfermedades graves como la septicemia (infección de la sangre), la neumonía (infección pulmonar) y la meningitis (infección de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal). En los adultos, sobre todo en los mayores y los que padecen determinadas afecciones, puede provocar infecciones de las vías urinarias, de la piel y los tejidos blandos o del torrente sanguíneo y, con menor frecuencia, neumonía o meningitis. 

Dado que estas infecciones pueden ser graves, es importante reconocer pronto los síntomas que ocasionan e iniciar el tratamiento sin demora tanto de los lactantes como de los adultos. 

¿Quiénes corren riesgo?

Algunos grupos de población presentan mayor riesgo de infección por el estreptococo del grupo B.

El grupo más vulnerable es el de los bebés de hasta tres meses, especialmente los prematuros (nacidos antes de las 37 semanas de gestación). El riesgo de padecer infecciones graves también aumenta si la madre es portadora de estreptococos del grupo B, ya ha tenido un hijo con esta infección, presenta fiebre durante el parto o tiene colonización en el útero. En los lactantes, la infección puede comportar el fallecimiento o la posibilidad de presentar discapacidades a largo plazo.

Las embarazadas portadoras pueden presentar complicaciones como la corioamnionitis —infección de la placenta y del líquido amniótico— o, en algunos casos, septicemia después del parto. Sin embargo, el mayor riesgo suele recaer en el bebé. Cuando la rotura de membranas se produce más de 18 horas antes del alumbramiento, la probabilidad de infección neonatal por estreptococos del grupo B se multiplica por cuatro, ya que estos pueden ascender hacia el útero. Aproximadamente el 30 % de los mortinatos causados por esta infección se producen en embarazos que parecían evolucionar con normalidad, lo que pone de relieve la necesidad urgente de mejorar los métodos para predecir y prevenir esta infección en todas las gestantes.

Los adultos de 65 años o más, así como las personas que tienen enfermedades graves, como diabetes o cáncer, o inmunodepresión, también presentan más riesgo de padecer formas graves de esta infección. 

Transmisión 

El estreptococo del grupo B forma parte del microbioma natural de muchas personas; es decir, está presente de forma natural en el organismo. En general, no se transmite entre personas, pero, aunque no se considera una infección de transmisión sexual, puede contagiarse mediante el contacto íntimo y estrecho. La transmisión a través del contacto cotidiano no es habitual.

La mayoría de la transmisión vertical del estreptococo del grupo B se produce durante el parto. Las embarazadas pueden tener esta bacteria en la vagina o en el recto sin presentar síntomas. Después del parto, los recién nacidos también pueden contraerla del entorno o de las personas que los cuidan, especialmente en los establecimientos de salud. 

Signos y síntomas 

No todos los portadores de estreptococos del grupo B presentan síntomas. Cuando estos aparecen, varían según la edad de la persona y la parte del cuerpo en la que se produce la infección. 

En los lactantes, la infección puede manifestarse de dos formas. La enfermedad precoz se presenta durante la primera semana de vida y puede cursar como septicemia, neumonía o meningitis. Cuando el inicio es tardío, aparece entre los 7 y los 89 días después del nacimiento y puede causar afecciones similares, aunque la más frecuente es la meningitis. La infección por estreptococo del grupo B puede causar fiebre, dificultad para alimentarse, letargo, irritabilidad, dificultad para respirar y coloración azulada o pálida de la piel. La meningitis también puede provocar convulsiones o abombamiento de la fontanela del bebé.

El estreptococo del grupo B puede causar meningitis, que provoca una inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal, tanto en los recién nacidos como en los adultos. Aunque la meningitis es menos frecuente en los adultos que otras infecciones graves provocadas por el estreptococo del grupo B, sigue entrañando un riesgo importante de muerte o discapacidad a largo plazo en ambos grupos.

En los adultos, la infección también puede manifestarse con cuadros graves caracterizados por fiebre, confusión y rigidez del cuello —posibles signos de meningitis— o por tensión arterial baja, respiración rápida e insuficiencia orgánica. El estreptococo del grupo B también puede causar infecciones de las vías urinarias, los pulmones, la piel y los tejidos blandos, así como de los huesos o las articulaciones, especialmente en las personas mayores o en las que padecen determinadas enfermedades. 

Prevención 

Detección

En sus directrices publicadas de 2024, la OMS recomienda ofrecer a todas las embarazadas el tamizaje del estreptococo del grupo B entre las semanas 35 y 37 de gestación. En los lugares donde no sea posible aplicar este tamizaje universal, la OMS propone una estrategia alternativa basada en la evaluación del riesgo. Cuando el resultado de la prueba es positivo, se deben administrar antibióticos por vía intravenosa, como penicilina o ampicilina, al menos cuatro horas antes del parto, con el fin de impedir que la bacteria se transmita al bebé. Esta intervención reduce aproximadamente en un 80 % el riesgo de aparición precoz de la enfermedad en los recién nacidos (3). 

Para confirmar las infecciones sanguíneas graves por estreptococo del grupo B, tanto en los recién nacidos como en los adultos se recurre al hemocultivo. Si se sospecha una infección cerebral, la punción lumbar permite confirmarla mediante la detección de la bacteria en el líquido cefalorraquídeo. También se dispone de pruebas rápidas mediante reacción en cadena de la polimerasa que permiten detectar el ADN del patógeno en el líquido cefalorraquídeo con mayor rapidez que los cultivos, lo que ayuda a tomar decisiones terapéuticas con mayor rapidez. 

Control de la infección

Las prácticas correctas de higiene, tanto en el hogar como en los hospitales, pueden reducir el riesgo de infección tardía por el estreptococo del grupo B. Entre las medidas principales se incluyen el lavado de manos y la observancia de prácticas higiénicas adecuadas durante el parto —a saber, garantizar la esterilidad mediante la limpieza exhaustiva de las manos, el instrumental y las superficies—, conforme a lo indicado en la lista de verificación de la OMS para la seguridad del parto. 

Vacunación

Se están desarrollando vacunas destinadas a inducir en las embarazadas la producción de anticuerpos capaces de atravesar la placenta y proteger al recién nacido durante los primeros meses de vida. Los modelos indican que esta estrategia podría evitar más del 50 % de las infecciones por estreptococo del grupo B en los lactantes y reducir asimismo el riesgo de parto prematuro y de muerte fetal. Aunque todavía no se conoce con precisión cuándo estarán disponibles estas vacunas, la OMS prevé que podrán administrarse a las embarazadas en 2030. 

Tratamiento 

Antibióticos

A los recién nacidos con infección por el estreptococo del grupo B se les administran antibióticos por vía intravenosa. El tratamiento se suele iniciar con penicilina o ampicilina, a menudo en combinación con gentamicina. Si el niño tiene alergia a estos fármacos, se emplean otros antibióticos. La duración del tratamiento suele oscilar entre 10 y 21 días, según la gravedad de la infección y la respuesta clínica. 

Tratamiento de apoyo

Cuando la infección es grave, puede ser necesario proporcionar cuidados intensivos de apoyo, como la administración intravenosa de líquidos, oxigenoterapia o ventilación mecánica, el control de las convulsiones o del edema cerebral, y apoyo nutricional para los neonatos enfermos. 

Seguimiento a largo plazo

Tras una infección cerebral por el estreptococo del grupo B, los bebés suelen requerir atención continuada. Según el caso, pueden necesitar pruebas de audición, evaluaciones del crecimiento y del desarrollo, fisioterapia, ergoterapia o logopedia. 

Complicaciones y secuelas 

Algunos bebés que sobreviven a una infección grave por el estreptococo del grupo B pueden presentar problemas de salud a largo plazo. Entre el 20 % y el 30 % de los bebés que sobreviven a una meningitis causada por esta bacteria pueden sufrir secuelas duraderas, como pérdida de audición, convulsiones o retrasos en el desarrollo del movimiento, del habla o de la cognición. En algunos casos también puede aparecer parálisis cerebral, que afecta al movimiento y al control muscular. Los bebés que sobreviven a una septicemia causada por el estreptococo del grupo B pueden, en ocasiones, sufrir problemas de desarrollo, aunque se trata de un fenómeno menos frecuente que después de una meningitis. Aunque la mayoría de los bebés se recuperan plenamente, algunos, especialmente tras una infección grave, pueden requerir un seguimiento continuo. 

Respuesta de la OMS 

En 2020, los Estados Miembros se comprometieron a aplicar la Hoja de Ruta Mundial con miras a Derrotar la Meningitis para 2030, que se centra en eliminar los principales patógenos causantes de meningitis bacteriana aguda, entre ellos el estreptococo del grupo B, mediante intervenciones de prevención, tratamiento e investigación. 

La OMS presta apoyo a los países para vigilar la resistencia a los antibióticos y estudiar las distintas cepas de estreptococo del grupo B presentes en el mundo, un paso necesario para obtener vacunas eficaces en todos los países. Asimismo, está elaborando orientaciones destinadas a ayudar a los países a decidir si deben administrar vacunas contra esta bacteria, cuando estén disponibles, y también cómo hacerlo, y está preparando recursos para apoyar a los investigadores en la evaluación y comparación de las vacunas en desarrollo. 

Además, la OMS formula recomendaciones sobre el tamizaje de las embarazadas y la administración de profilaxis con antibióticos durante el parto para prevenir la infección precoz por estreptococo del grupo B. También publica orientaciones sobre prácticas seguras durante el parto y sobre la mejora de la atención durante el embarazo y el parto, así como directrices diagnósticas y terapéuticas para la infección por el estreptococo del grupo B y la meningitis del recién nacido. 

 

 

Referencias

  1. Gonçalves BP, Procter SR, Paul P, Chandna J, Lewin A, Seedat F, et al. Group B streptococcus infection during pregnancy and infancy: estimates of regional and global burden. Lancet Glob Health. 2022;10(6):e807–19. doi:10.1016/S2214-109X (22)00093-6. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35490693/
  2. American College of Obstetricians and Gynecologists. Prevention of group B streptococcal early-onset disease in newborns: ACOG Committee Opinion, Number 797. Obstet Gynecol. 2020 ;135(2): e51–e72. doi:10.1097/AOG.0000000000003668. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/6355318/
  3. Boyer KM, Gadzala CA, Kelly PD, Gotoff SP. Selective intrapartum chemoprophylaxis of neonatal group B streptococcal early-onset disease. III. Interruption of mother-to-infant transmission. J Infect Dis. 1983;148(5):810–816. Boyer KM, Gotoff SP. Prevention of early-onset neonatal group B streptococcal disease with selective intrapartum chemoprophylaxis. N Engl J Med. 1986;314(26):1665–1669. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/3520321/